Insectos zombis: historias de terror

Federico Escobar S y Fernando Escobar H*

Los insectos zombis son reales y habitan entre nosotros, entonces, podemos decir que el cine imitó a la naturaleza y no al contrario.

Los insectos zombis son controlados y manipulados por parásitos tales como virus, bacterias, hongos y otros insectos que, mediante diversas sustancias químicas que inyectan en su víctima u hospedero, alteran su comportamiento para favorecer su propio ciclo de vida y sobrevivencia, transformándolos en auténticos muertos vivientes. Pero a pesar de los múltiples casos y numerosos estudios sobre esta fascinante interacción biológica, los científicos aún no saben a ciencia cierta cómo lo logran.

Lo cierto es que el comportamiento de un animal se modifica drásticamente por una infección o parásito. Los cazadores de fósiles han documentado la existencia de hormigas zombis con marcas evidentes de sus cuerpos infectados que datan de hace 48 millones de años. También se han encontrado fósiles de moscas atrapadas en ámbar de 99 millones de años de antigüedad en yacimientos de Myanmar (antigua Birmania), con estructuras de hongos emergiendo de sus cabezas, demostrando que el control fúngico existía en la época de los dinosaurios, durante el Cretácico reciente (Figura 1). Estos fósiles atrapados en ámbar nos brindan la oportunidad de visualizar las antiguas relaciones ecológicas que perduran hasta nuestros días.

 

Fig 1. (a) Muestra de ámbar birmano de hace 99 millones de años que revela hongos zombis que infectaban insectos en la era de los dinosaurios. La flecha roja indica la infección por el hongo. (b) La microtomografía permitió observar en 3D la infección fúngica en insectos fosilizados.

 

Estos parásitos son considerados maestros del control mental, manipulan a sus huéspedes desde dentro, haciéndoles actuar de una forma autodestructiva que, en última instancia, los beneficia. Algunos parásitos pueden alterar el comportamiento de su huésped de tal forma que les proporcionen un hogar confortable, les suministren más nutrientes o hagan que el huésped se traslade a un entorno diferente, propicio para su reproducción y dispersión. Se conoce, por ejemplo, que los hongos parásitos del género Ophiocordyceps convierten a los insectos en zombis al liberar en su sistema nervioso y músculos alcaloides y moduladores fúngicos, que obligan a los huéspedes a trepar y morir en lugares elevados en los árboles, lo cual ayuda a que el viento disperse sus esporas en búsqueda de una nueva víctima. Una de las sustancias que convierten a los insectos en zombis es conocida como Aflatrem, una micotoxina tremorgénica, que causa temblores, convulsiones, parálisis y, en casos graves, la muerte.

Existen diversas formas de insectos zombis en la naturaleza que representan un claro ejemplo de coevolución (proceso biológico donde dos o más especies interactúan y se influyen mutuamente en su evolución). Esta interacción biológica, parásito-huésped, exhibe una amplia gama de comportamientos y estrategias de manipulación. En el caso de las cucarachas zombis: las cucarachas son controladas por la avispa esmeralda, Ampulex compressa, que inyecta en su cerebro un cóctel neuroquímico (que incluye Dopamina), diseñado para modular el comportamiento de la cucaracha, anular su voluntad y así evitar su huida, convirtiéndolas en esclavas obedientes y llevándolas a su nido, donde deposita un huevo sobre ellas para que la larva se alimente lentamente de sus órganos internos vivos (Figura 2a).

Otro caso es el de los grillos suicidas. En este caso, los grillos son parasitados por un gusano nematomorfos conocido comúnmente como crin de caballo (entre 1 y 3 mm de grosos y más de 40 cm de largo), los cuales una vez se encuentran dentro de su víctima manipulan el sistema nervioso de su huésped mediante la liberación de sustancias neuroactivas que alteran el comportamiento del grillo, impulsándolo a buscar ríos, arroyos o lagos y a saltar en la noche para forzarlo al suicidio ahogándose en el agua, que es el hábitat reproductivo del parásito (Figura 2b).

Un ejemplo clásico de parasitismo por parte de hongos es el de las hormigas zombis. Se han identificado alrededor de 35 especies de hongos del género Ophiocordyceps, principalmente en bosques tropicales, capaces de convertir a las hormigas en auténticos muertos vivientes. Las esporas del hongo infectan a un individuo y una vez dentro, liberan sustancias bioactivas que controlan el sistema nervioso y muscular del insecto, obligándolo a abandonar el nido, a buscar un sitio húmedo en la parte alta de los árboles e inducirlo a lo que los científicos han llamado la “mordida de la muerte”, mordida con la cual la hormiga queda aferrada con sus mandíbulas a una hoja e inmóvil en contra de su voluntad para luego morir. Allí, el hongo se alimenta lentamente del cuerpo de la hormiga para posteriormente producir un tallo fructífero, típicamente en la cabeza de su víctima, liberando nuevas esporas para infectar a más hormigas (Figura 2c).

Fig 2. (a) Una avispa parásita, Ampulex compressa, transportando al nido a su víctima. (b) Nematodo crin de caballo llamado Spinochordodes tellinii emergiendo de un saltamontes. (c) Hormiga sobre una hoja en posición “mordida de la muerte” de la cual emerge el cuerpo fructífero del hongo que la infectó. (d) Catarina zombi cuidando el capullo de la avispa que la parasitó.

 

También podemos hablar del hongo conocido como el destructor de insectos, llamado Entomophthora muscae. Este hongo infecta moscas para alimentarse de sus entrañas y controlar su cerebro. Una vez dentro de la mosca, el hongo libera una mezcla compleja de sustancias químicas que funciona como un potente afrodisíaco, que actúa como una feromona sexual falsa que atrae a moscas macho sanas que, en su intento por aparearse con el cadáver de la hembra infectada, propagan el hongo.

Para terminar, vale la pena conocer la historia de las catarinas guardianas, un fenómeno biológico fascinante. Las catarinas son parasitadas por una avispa diminuta (Dinocampus coccinellae) que, junto con el huevo, inyecta un virus que la paraliza. Una vez emerge, la larva se alimenta de los tejidos no vitales de la catarina, la mantiene viva y la obliga a permanecer como guardaespaldas zombi sobre el capullo de la progenie del parásito para protegerlo con su cuerpo de posibles depredadores, moviendo incluso sus élitros para ahuyentar a los enemigos de capullo (Figura 2d).

Hemos repasado solo una parte de las historias de terror de los insectos zombi, pero vale la pena mencionar que algunos hongos zombis o entomopatógenos, es decir, que enferman insectos, son estudiados para desarrollar métodos de control biológico de plagas en cultivos, ofreciendo una alternativa orgánica a los pesticidas químicos. Hongos como Cordyceps javanica son aplicados en forma de esporas para controlar poblaciones de insectos que dañan la agricultura.

 

Imágenes

 

Referencias

 

*Red de Ecoetología